A mi no me silba nadie

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No son pocas las veces en que las mujeres hemos sentido el acoso sexual por parte de vecinos, amigos, docentes, parientes y en la mayoría de los casos por desconocidos. Situación que no solo nos pone en riesgo ya que en cualquier momento el acoso puede pasar a otro nivel, sino que además genera un continuo estrés e inseguridad de transitar libremente por nuestras vidas cotidianas alterando nuestras relaciones con los otros y nuestro desarrollo personal.

La falsa creencia con la que educaron a muchos hombres en este país, por la cual asumen que la mujer es un objeto sexual que tiene el fin de complacerlos, empezando por sus deseos visuales, hace que las mujeres seamos fácilmente juzgadas por la forma en que nos vestimos, hablamos o actuamos, afirmando que está es la causa del acoso y en casos más severos es la “causa” de las violaciones sexuales. Estas prácticas responden enteramente al rol de género asignados hombre-mujer y las características que cada una debe asumir y reproducir.

Lastimosamente escenarios académicos, donde supuestamente se proclaman las libertades personales, no son lejanos a esta situación, existen casos de acoso frecuentes pero invisibilizados o escondidos por la comunidad académica, muchos de estos provienen de docentes que utilizando su poder en la universidad acosan a estudiantes y luego siguen en su puesto como si nada hubiera pasado, porque en este país si no hay una violación es imposible denunciar y demostrar un acoso. Aun cometiéndose actos mucho más denigrantes como la violación, la cual efectivamente en la mayoría de los casos inicia con un acoso, en cualquiera de sus expresiones, es negada y ocultada, por el hecho de que el violador o acosador pertenezca a cierta comunidad académica, primando el renombre del sujeto y la de comunidad a la que pertenece por encima del bienestar de la persona afectada.

Ahora bien, es necesario cualificar el debate y tener claras las expresiones en las que el acoso se manifiesta. Los estereotipos impuestos desde diferentes expresiones, incluso en los movimientos sociales, representan también constantes críticas hacia las compañeras por su forma de vestir, de hablar, de comportarse, salidos de los cánones ideológicamente adoptados. Compañeros el señalamiento hacia una compañera por algunos de estos elementos u otros más aquí no mencionados, sean cuales sean, también representan un ataque directo a la autonomía y libertad de la persona y una vulneración hacia su integridad. A demás el hecho de señalaras reproduce “autoridades” que vulneran el proceso de reconocimiento individual. Partamos de la necesidad de un proceso constructivo en colectividad y no de una crítica sesgada.

El acoso sexual no solo se manifiesta en un silbido, palabras soeces o contacto físico. También se manifiesta a través de una mirada o una actitud incomoda, hasta en una crítica o ataque directo a las actitudes personales enmarcadas en los roles a reproducir. Esta claridad nos permite identificar de forma más rápida y audaz los inicios de un acoso sexual y sus consecuencias. La preparación emocional de reacción que tengamos puede llegar a determinar las acciones que se desarrollan y el cómo nos afecta. El acoso sexual no es algo normal, es algo para lo que tenemos que estar preparadas y contra lo que tenemos que actuar en cualquier escenario donde sea ejercido.

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De la violencia de género, no me dejo. De la reivindicación a la acción.

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¿Cuál es la importancia de conmemorar año tras año el 8 de marzo como día internacional de la mujer trabajadora? La importancia es la necesidad de recordar que mientras sigamos generando una construcción colectiva como mujeres, capaces de reconocer las diferentes formas de opresión y trabajar para combatirlas, estaremos más cerca de nuestra libertad al igual que la libertad de nuestros compañeros quienes como nosotras, pero muchas veces sin percibirlo, sufren el condicionamiento de las categorías impuestas acerca del género.

El día de hoy, desde el Grupo Estudiantil Anarquista y el Circulo Movimiento y Género, queremos enfatizar en la necesidad de desarrollar la reivindicación de esta fecha a través de la mejor forma: la acción. Es así, como partimos del reconocimiento de la violencia de género como uno de los ejes centrales del accionar, puesto que es transversal a lo que dicha categoría nos implica.

Los feminicidios catalogados por las “autoridades” como crímenes pasionales quitándoles las implicaciones de género que tienen en sí mismos, son una de las principales causas de muertes de mujeres en el país. Un país de tradición machista y conservadora en el cual solamente se actúa frente al feminicidio después de tolerar y pasar por alto un millar de agresiones previas hacia la misma mujer. “El Alto Tribunal tomó el caso de una mujer quien fue asesinada por su compañero sentimental tras una serie de agresiones violentas.”[1], valdría la pena indagar sobre cuáles fueron las acciones que se desarrollaron contra las mencionadas agresiones ocurridas meses previos a su asesinato, aunque posiblemente la respuesta no nos sorprenda: “La mujer sobrevivió al hecho y fueron meses de agresiones verbales y físicas que terminaron fatalmente el 17 de noviembre del 2012”[2].

Otra forma común de violencia de género es el acoso callejero el cual lleva a las mujeres a sentir miedo de ser y actuar; a sentirse culpables por como visten, como caminan, de ir solas e inevitablemente las hace sentir como objetos, que están lejos de ser consideradas personas participes y constructivas dentro de la sociedad.

Creemos firmemente que la radicación de una ley no es la solución a la problemática, ya que solo el empoderamiento de nuestras luchas para lograr transformar la concepción del cuerpo y de nosotras como personas, podrá cambiar la imagen de la mujer en la sociedad actual. Consideramos inconcebible que en espacios de crítica constante como los generados en la Universidad Nacional de Colombia, se reproduzcan prácticas del patriarcalismo puro. “El día jueves 5 de febrero del año en curso, tuvimos conocimiento de un caso de acoso hacia una de nuestras compañeras dentro del campus de la sede Bogotá de la Universidad Nacional de Colombia, donde un sujeto la abordó en el corredor que conduce desde la portería de la Calle 26, hasta la plaza central; la siguió y presionó para conseguir contacto físico con ella”[3], como se denuncia en el derecho de petición presentado por algunas compañeras a las directivas de la universidad , a la alcaldía mayor de Bogotá y a la secretaria de la mujer.

En el campo de la salud la situación no es muy diferente, este se encuentra totalmente dominado por una hegemonía patriarcal que poco o nada tiene en cuenta las decisiones de la mujer sobre su cuerpo, razón por la cual, no son pocos los casos denunciados por las mujeres en materia de violencia obstétrica, los cuales lastimosamente no son ejecutados exclusivamente por los hombres sino también por mujeres que tienen implantado el patriarcado y lo reproducen en su cotidianidad, personas que se convierten en peligrosos cuidadores de nuestro cuerpo ya que nos hacen sentir que este no nos pertenece y por tanto debe ser sometido a tratamientos o prácticas que muchas veces son innecesarias y en otros casos hasta lesivas.

Las necesidades básicas, la regulación y el cuidado del cuerpo de las mujeres y los hombres está en manos de un sistema discriminatorio e inequitativo que es capaz de realizar acciones perjudiciales para la salud de las personas pero favorables para la economía de grandes compañías farmacéuticas y cosmetológicas, como lo es la formulación de vacunas innecesarias, la producción de químicos que afectan nuestro cuerpo pero nos hacen ver “bellas”, las soluciones a necesidades básicas como los artículos higiénicos, que aunque muy pocas lo saben, más allá de protegernos nos generan problemáticas en las zonas que se supone deben proteger; son algunas de las muestras de como por encima de nuestro bien-estar está la producción económica.

Los mencionados son apenas algunos ejemplos de la materialización de la violencia de género en la sociedad, pues se nos quedan muchos más por mencionar. Pese a ello, queremos enfatizar en la necesidad de empezar a generar acciones que nos permitan combatir estas prácticas, desde su reconocimiento hasta la eliminación total y permanente de ellas, también invitamos a todas y todos a encontrarnos para reinventarnos en colectividad.

Finalmente solo podemos desearles un feliz y rebelde caminar en la reivindicación del accionar de la mujer trabajadora, estudiante, madre, hermana, amiga y a todas las compañeras combativas.

Grupo Estudiantil Anarquista – UN
Circulo Movimiento y Género


[1] Radio Santafé. Histórico: primera condena por violencia de género; Corte falló caso de feminicidio. Marzo 9 de 2015.
[2] Radio Santafé. Histórico: primera condena por violencia de género; Corte falló caso de feminicidio. Marzo 9 de 2015.
[3] Acciones descritas en el derecho de petición radicado por compañeras de la Universidad de Colombia en febrero de 2015.